Niños que crecen: sus primeras noches fuera

¿Os gustaba dormir fuera cuando eráis pequeños? Yo recuerdo aquellas primeras noches en casa de alguna de mis amigas de la infancia como aventuras divertidísimas: eran veladas mágicas de juegos y confidencias en las que se crearon vínculos que siguen existiendo. Ahora es mi hija Ana, la mayor, quién está empezando a vivir las mismas experiencias. ¡Y le encanta! Cuando alguna amiga la invita a dormir, ella misma prepara todo lo que necesita en su mochila preferida de Frozen y con eso y sus zapatillas de estar por casa de Olaf, parece no echarnos de menos en absoluto.

Pasar la noche fuera no sólo es divertido para ellos, también es un gran paso en su proceso de crecimiento, ya que fomenta su autonomía y sus habilidades sociales. Aunque les ilusione la idea, pueden sentirse un poco asustados ante la perspectiva de salir de su zona de seguridad así que, si esta situación es también nueva para vosotros, aquí tienes algunos consejos:

– Pregúntate si tu hijo está preparado. Alrededor de los seis años de edad se puede considerar que los niños tienen madurez suficiente pero, como todo, esto dependerá de cada persona.

– Asegúrate de que el entorno donde va a pasar la noche es de total confianza y de que no se va a ver envuelto en ninguna situación comprometida o conflictiva.

– Para reducir su incertidumbre, infórmale sobre lo que van a suceder, cuándo le recogerás y la manera para contactar contigo en caso de que te necesite.

– ¡Nada de controlarlo! Se supone que confías en él así que no hace falta que estés llamando continuamente ni mucho menos que le dejes un teléfono móvil.

– Pese a todo, puede que la experiencia no sea del todo positiva y que el niño no haya sido capaz de comer o de dormir, o que se haya angustiado en algún momento y no haya podido contener las lágrimas. Enfrenta la situación con naturalidad y sin dramatismo y habla con el pequeño para indagar sus miedos y ayudarle a enfrentarlos. ¡La próxima vez seguro que irá mejor!

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