El placer de recuperar las meriendas

Los recuerdos de los veranos de mi niñez van ligados a juegos y meriendas. Una tarde no estaba completa sin ese chute de energía con el que reponíamos fuerzas para seguir jugando rato más hasta que nos llamaban a cenar. No sé lo que es, pero algo deben de tener de especial las meriendas para haberse ganado ese lugar privilegiado en la memoria que no ocupan el resto de comidas. ¿Os pasa lo mismo?

Por fortuna, durante el verano tanto Carlos como yo sólo trabajamos por la mañana así que las tardes son para la familia. Y nos encanta recuperar esa costumbre de merendar junto a los niños que el ritmo de vida nos hace desatender durante el resto del año, no sólo porque es una práctica sana (ya sabéis que realizar varias comidas al día acelera el metabolismo y nos ayuda a llegar a la cena con menos apetito) sino por ese elemento nostálgico. Además, a los peques les encanta ayudar y se divierten ayudándonos a preparar todo en la cocina.

Nuestras meriendas de hoy no son tan copiosas como las de antaño, pero nunca falta la fruta (fresca o en zumo y granizado), los lácteos (leche, yogur o queso) y un puñadito de frutos secos. Los niños suelen tomar un bocadillo o un sándwich o un trozo de bizcocho casero. Y, de vez en cuando, todos nos damos un particular homenaje para recordar aquellas tardes de nuestra infancia en forma de pan con nocilla o quesitos o galletas con mantequilla. Y es que un caprichillo de vez en cuando tampoco bien mal, ¿verdad?

Y hablando de caprichos, os recuerdo que las rebajas de la tienda de Merkal están dando sus últimos coletazos, el momento perfecto para haceros con ese par de sandalias que falta en vuestro armario con descuentos imbatibles

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