Descubriendo el yoga

Para mí, el ejercicio físico siempre ha sido sinónimo de moverme rápido y sudar la camiseta. Desde pequeña he disfrutado de los deportes de equipo y en el gimnasio, mis actividades preferidas siempre han sido las más dinámicas: aerobic, spinning, body atack, crossfit… Por eso, cuando cada vez más de mis amigas hablaban de lo bien que sentían practicando yoga yo les miraba con una ceja levantada y pensaba que aquello no iba a conmigo… Hasta que me convencieron a probarlo, ¡y ahora estoy enganchada!

He conseguido arañar un par de horas a la semana para ir a clase. La profesora, que es un encanto, nos enseña a realizar distintas posturas o asanas, a respirar correctamente y a relajarnos. Para mi sorpresa, los primeros días no fueron nada fáciles, y eso que estoy en el nivel para principiantes: me notaba bastante oxidada y me costaba una barbaridad mantener el equilibrio… Pero en pocas sesiones empecé a notar los cambios.

Hasta el momento (llevo poco más de un mes), os puedo contar que veo como mi cuerpo va mejorando en flexibilidad y resistencia, mi espalda me lo está agradeciendo muchísimo y me encuentro más tranquila y relajada. ¡Y duermo como un bebé! Además, detrás del yoga hay una filosofía y una espiritualidad interesantísima que tiene que ver con conectar la mente con tu propio cuerpo y el universo y tomar más consciencia de cada momento. No me extraña que cada vez más gente apunte al Yoga y no creo que se trate de una moda pasajera sino de todo un estilo de vida que cada vez cuenta con más adeptos en occidente.

Así que si nunca habéis practicado yoga o si no os llama mucho la atención os animo a que os sacudáis los prejuicios y le deis una oportunidad, como he hecho yo, especialmente si tenéis una carga alta de estrés y necesitáis una herramienta para bajar las revoluciones. ¡Ya me contaréis!

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